Tragedia en la variante ¿Pudo evitarse?

Jue, 03/09/2017 - 12:20 -- paolagomez
Elvis Jump

La Variante de Uchumayo es una carretera que se construyó en el lecho de una torrentera y cobró tres vidas cuando ingresó un huaico.

 
 
Es la tarde del 26 de enero del 2017 el reloj marca las cuatro y media, una masa de agua, lodo y piedras desciende por el cauce natural de la quebrada. La naturaleza recobra sus dominios y hace sentir su fuerza. Como es de esperarse, el huaico se lleva todo lo que encuentra a su paso.
Pero por increíble que parezca, el lecho (el fondo) de esta quebrada es parte de la carretera nacional Variante de Uchumayo, que a esa hora, como siempre, se encuentra saturada de vehículos. Son los de carga que transportan toda la producción del sur peruano, ómnibus interprovinciales llenos de pasajeros y, por supuesto, camionetas y automóviles en los que van desde ancianos hasta niños y mascotas. Siendo tiempo de vacaciones están yendo o regresando de la playa.
Todos los conductores van confiados, transitan por una carretera nacional, en donde para utilizarla han tenido que pagar un peaje a una empresa privada especializada en operación y mantenimiento de vías, ganadora de un concurso ante el Ministerio de Transportes. Ella cuida del estado de la carretera, y además les debe asistir con ambulancias y grúas para cualquier emergencia.
Dan por descartado que exista algún peligro generado por la propia carretera, cuidándose únicamente de los otros vehículos, se sienten seguros. Ninguno de los que conducen por ese lugar imaginan que estaban llevando su valiosa carga, sus pasajeros y su propia familia por el fondo de una torrentera, y todavía en plena lluvia. Solo un esquizofrénico haría eso.
Había llovido los días anteriores, y en esta tarde jueves se desata la lluvia. El agua comienza a discurrir en mayor cantidad de la usual. No hay ninguna señal reglamentaria de carreteras que les advierta a los conductores que están en una zona con peligro de deslizamientos. Todos confiados siguen su marcha. El agua se incrementa y se espesa, y ya trae lodo. ¿Qué pueden hacer los conductores sino seguir su marcha? Están en una carretera nacional supuestamente bien cuidada.
El lodo ya está arrastrando piedras. Su sentido común les dice que es mejor detenerse y esperar a que pase. Pero el torrente no se corta, se incrementa, y pronto se ha convertido en un huaico.
Los camiones a los que siempre consideramos una molestia cuando van delante y buscamos rebasarlos, ahora son una bendición, los pequeños vehículos se guarecen tras ellos, el peso de estos grandes vehículos se convierte en la salvación temporal de muchos.
Un pequeño auto es arrastrado por las aguas hasta que es contenido por un camión. Los gritos de auxilio de sus ocupantes son desgarradores. Muchos han podido bajar de los camiones y los buses y están a salvo en las laderas de los cerros, pero para un grupo de personas el peligro no ha pasado están dentro de sus carros en medio de la carretera. El agua está por todas partes. Algunos vehículos volcados por las aguas tienen trabadas las puertas y ventanas, sus ocupantes tienen que romper los cristales para poder salir y poner a salvo a sus seres queridos, dan gritos de auxilio, pero estos son apagados por el ruido del huaico.
Los que ya están a salvo se percatan de los pedidos de auxilio, usan sogas para ayudar a salir a los atrapados en el torrente, y cuando no se puede llegar así, en algunos aflora la filantropía y en valeroso acto, arriesgado sus propias vidas, ingresan al torrente sin equipo ni protección alguna y ayudan a salir a las aterrorizadas y conmocionadas víctimas.
Tres personas no fueron rescatadas con vida. Para sus familias el dolor es inmenso y la tristeza es infinita. Al día siguiente, una de las víctimas que logró salvarse, de regreso en el lugar para recoger los restos de su inservible vehículo, con voz entrecortada y los ojos llorosos resume su experiencia así: “Gracias a Dios que estoy vivo… es algo que no le deseo a nadie”.
Se ha perdido carga y vehículos, han habido heridos, las personas han tenido daños psicológicos, algunos quizá de por vida por tan traumática experiencia y, lo más grave, se perdieron tres irreparables vidas.
 
EL ESTUDIO
¿Se pudo evitar el huaico? No, porque el huaico es un fenómeno de la naturaleza. ¿Se pudo evitar que el huaico ocasione daños a los vehículos y a las personas? ¿Se pudieron salvar esas tres vidas? Sí, se pudieron evitar los daños y se pudo evitar la pérdida de esas valiosas vidas.
Cuando los hechos son totalmente imprevisibles y totalmente incontrolables se dice que son hechos de la naturaleza o hechos de Dios, sobre los cuales no nos queda más que ayudar a que las víctimas puedan regresar a sus vidas normales en las mejores condiciones posibles. Pero cuando los hechos, no son hechos de Dios, es necesario indagar e identificar sus causas para evitar que se vuelvan a producir.
Con este propósito realizamos un estudio de la zona donde se produjo el huaico con instrumentos técnicos y científicos de última generación, como ameritaba la gravedad de los hechos. Siendo el huaico un fenómeno causado por masas de agua provenientes principalmente aguas estancadas y de precipitaciones de lluvia, tuvimos primero que determinar las microcuencas hídricas de la zona, es decir las áreas delimitadas por alturas de los cerros que forman una especie de contenedor que recibe toda el agua y que, además, tiene cursos o quebradas que llevan el agua hacia una quebrada principal o hasta un río.
De aquí descartamos versiones de que el agua habría provenido de la presa de relaves de la minera que opera por la zona, ya que tanto la microcuenca donde está el relave, como la microcuenca del dónde está el tajo abierto de la minera, tiene quebradas que fluyen hacia el Norte y que desembocan en el río Chili. Mientras que la microcuenca del área donde se produjo el huaico tiene quebradas que fluyen en dirección Sur hacia La Joya.
Entonces el huaico se produjo por aguas de la propia microcuenca, considerando que no hay informes a la fecha de represamientos cercanos que pudieran romperse. En consecuencia puede sostenerse que el huaico habría sido producto únicamente de la abundante lluvia que cayó esa tarde, lluvia que al remover los médanos (acumulación de arena fina de color plomo y blanco que el viento trae de la costa y la deposita en los cerros) junto con piedras y material suelto, generaron ese huaico plomizo que descendió por la carretera esa fatídica tarde.
Pero todos preguntan ¿porque había tanta agua? Nadie se haría esta pregunta si vieran que esa misma cantidad de agua pasa por una quebrada natural donde no hay edificaciones y por supuesto donde no hay una carretera en el fondo, y simplemente afirmaríamos como arequipeños que en esa quebrada “ha entrado la lloclla”.
Este volumen de agua es usual para quebradas medianas en tiempos de lluvias. Es por eso que los vehículos pesados pudieron servir de barrera de salvación a mucho esa tarde. La ruptura de una presa hubiera realmente arrasado con todo.
 
LA CARRETERA
Continuando el estudio había que verificar el trazo de la carretera respecto de los cauces naturales por donde debía discurrir el agua en caso de lluvias. Grande fue nuestra sorpresa al constatar que el trazo de esta carretera nacional, seguía exactamente el recorrido natural de la quedara del lugar. ¡No lo podíamos creer! Rehicimos cuatro veces la modelación. Era cierto: Tres kilómetros de la carretera nacional PE-34A conocida como Variante de Uchumayo no eran más que el asfaltado del fondo de la quebrada.
Nadie con un mínimo criterio técnico asfaltaría, una quebrada o torrentera. Es más, los reglamentos de construcción de carreteras del Perú y de muchos países, de hoy y del siglo pasado, prohíben expresamente construir vías en lechos de quebradas o ríos. La infantil justificación de que “hace muchos años que no llueve y que por lo tanto nunca más lloverá” no es aceptada en el campo de la ingeniería.
Esta grave negligencia tuvo lugar por el año de 1965, sin duda alguna que los que construyeron esa vía tienen la obligación moral de aclarar porque lo hicieron. ¿Acaso fue por ahorrarse dinero? ¿Quién recibió y aprobó esa carretera?
Pero, además, el año el año 2007, en el segundo gobierno de Alan García, una empresa sin mucha reputación en construcción de carreteras o autopistas, sin mucho capital para inversiones, pero si con mucha suerte, logró que Proinversión le adjudique el tramo 5 de la Interoceánica Sur. Es decir, le entregan por 25 años la concesión de la vía más importante del sur del Perú a una desconocida empresa ecuatoriana, Hidalgo e Hidalgo, la misma que a través de su empresa local, Covisur, viene operando la carretera.
Covisur nos ha venido cobrando a todos los que hemos usado alguna vez esta carretera, o sea a todo el sur peruano, durante los últimos nueve años, por la elaboración de estudios de ingeniería para la formulación de los planes de operación y mantenimiento anual. En estos estudios se tienen que identificar claramente los peligros que tiene la carretera, y en consecuencia se solicitan presupuestos para mitigar o eliminar estos peligros.
Un componente principal del análisis de riesgos de una carretera, es la evaluación de su estado cerca de las quebradas, y si la carretera resistirá y canalizará adecuadamente las aguas de las lluvias que reciba. Por lo tanto, los técnicos de esta empresa deberían conocer desde hace 9 años que la carretera estaba en el fondo de la quebrada. Lo que si queda claro es que hay dos situaciones que deben ser explicadas.
Primero, la empresa nunca en esos nueve años presentó un plan de mitigación para una carretera indebidamente construida, pese a que el año pasado el gobierno central y todo el estado peruano realizaron grandes inversiones para mitigar los posibles efectos del fenómeno de El Niño, es decir los posibles efectos de grandes lluvias.
Una posible forma de mitigación hubiera sido la construcción de una plataforma para elevar los 3 Km de carretera por lo menos a 10 metros sobre el lecho de la quebrada. Pero esto hubiera significado cerrar la carretera por mucho tiempo y, por lo tanto, dejar de cobrar peajes.
Segundo, la empresa no monitoreó eficientemente las zonas de peligro de la carretera para cerrarla en caso de emergencia. Los concesionarios de carreteras saben muy bien que deben cuidar los puntos críticos de sus vías, estos son los puntos más bajos y lo puntos más altos. La zona del huaico es el punto más alto de Variante de Uchumayo, entonces es el lugar donde existía la mayor probabilidad de lluvias.
Si además se sabía que, en caso de producirse lluvias excesivas, las aguas y el lodo tenían que discurrir por la misma carretera, era pertinente tener un punto de observación permanente en ese lugar, para en caso de peligro ordenar el cierre de la vía.
Esta carretera no tiene problemas económicos, es la carretera más rentable del sur peruano, el dinero que se recauda para operación y mantenimiento sobra, y se lo están llevando fuera de la región Arequipa. Por lo tanto, hay recursos para mitigar cualquier clase de peligros.
Sería muy lamentable que los hechos que aquí analizamos sean considerados por las autoridades como meras ocurrencias que engrosen las estadísticas de las responsabilidades comerciales y profesionales no sancionadas.
Se han perdido vidas que realmente pudieron salvarse, y parece que el gobierno central ha reflexionado. El presidente Kuczynski anunció que ejecutarán la construcción completa de la nueva autopista Arequipa-La Joya que incluye su conexión con Yura.
Quizá sean estas las últimas vidas que cobre la vieja carretera de la Variante de Uchumayo, el tramo carretero con más accidentes y víctimas fatales del sur peruano.
 
 
 
 
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