Marihuana medicinal: debatir más antes de consumir

Lun, 03/13/2017 - 13:20 -- paolagomez
Alfredo Herrera Flores

Se discute sobre la legalización de la marihuana para tratar enfermedades, pero otros buscan su uso recreativo. Una comisión analiza el tema.

 
El debate sobre el uso legal de la marihuana no es nuevo en el Perú. Como muchos otros temas, políticos, especialistas y periodistas asumen la discusión de la propuesta haciendo eco de lo que va pasando en otros países, a pesar de que se traten de realidades y contextos diferentes al nuestro. Sin embargo, en las últimas semanas, se ha vuelto a poner el tema en el tapete, esta vez para hablar del uso medicinal de esta planta que, a su vez, se ha convertido en una suerte de símbolo cultural.
Las últimas noticias que dan cuenta de la seriedad del tema, informan que el Ministerio de Salud conformará esta semana un comité de expertos que evaluará, durante treinta días, el uso medicinal de esta planta, conocida por su nombre científico como cannabis sativa y popularmente como “yerba”. La resolución que confirma la medida ya ha sido publicada y precisa que serán representantes de once instituciones quienes conformarán la comisión y sus conclusiones servirán para tomar la decisión sobre la regulación de su uso medicinal.
Fue una rápida campaña informativa en la que participaron madres y padres de familia que ya usan esta droga para aliviar y combatir algunas enfermedades de sus hijos lo que ha motivado la decisión del Ministerio de Salud, aclarando siempre que el asunto va por el uso medicinal y no por el uso recreativo de este producto.
La marihuana es considerada como la droga de uso más extendido en el mundo, especialmente entre los jóvenes, pero en los años sesenta su consumo fue parte de un contexto cultural relacionado al hipismo, el amor liberal y el rock and roll, que no solo extendió su consumo sino que el perfil de sus hojas dentadas connotaba ideas relacionadas, incluso, con la paz mundial.
Según la Defensoría del Pueblo, Devida ha informado que el alcohol y la marihuana son las drogas más consumidas por los jóvenes peruanos que tienen entre 19 a 25 años de edad. Y como ya se sabe, la producción, tráfico y consumo de esta planta están penados con cárcel efectiva, tal como se hace con otras drogas como la cocaína, éxtasis y demás estupefacientes.
Pero hay que aclarar que ahora el debate no es para legalizar la comercialización de la planta sino para el uso medicinal de la misma, la que, obviamente, debería ser respaldada por un tratamiento profesional, una receta dada por el especialista, una venta en las dependencias permitidas y un control asistido de uso y sus consecuencias.
El doctor Alberto Gayoso es presidente del comité de medicamentos del Colegio Médico del Perú, y ha corroborado los testimonios de madres de familia que tratan enfermedades de sus hijos con marihuana. Él dice que la planta debidamente procesada tiene efectos antinflamatorios y relajantes y con ella se pueden tratar enfermedades como el glaucoma, esclerosis múltiple, cáncer, náuseas inducidas por quimioterapia, epilepsia, alzhéimer, autismo y párkinson. Lo cierto es que, según las madres, sus hijos han mejorado su calidad de vida gracias a la administración adecuada de esta planta. Claro, no fuman la planta, la consumen como cualquier otro medicamento.
Pero también hay detractores, especialmente quienes consideran que habrá un mal uso de la planta y que se estaría induciendo al consumo de la marihuana sin considerar sus consecuencias en la salud de las personas, pues como toda droga alucinógena, puede provocar daños irreversibles en el sistema nervioso, deterioro de las neuronas o trastornos en el comportamiento del consumidor.
Pero el mayor problema es, por supuesto, el vicio y la dependencia hasta el punto de la enfermedad. Las personas que no han sabido superar el problema, pueden además caer en otros males como la depresión, que los lleva al suicidio, o a un comportamiento violento, que los induce al robo, la agresión física e incluso al homicidio, aparte de otros problemas sociales como la destrucción de la familia, los problemas de relaciones interpersonales o la degradación humana.
Pero tal vez el problema mayor de este debate se presente al no tener aún resultados concretos de los beneficios o el impacto de su uso. Teniendo en cuenta, siempre, la diferencia entre el uso terapéutico o recreativo de la marihuana, no se tiene aún información, por ejemplo, del impacto de la legalización del uso de la marihuana en Uruguay, que en diciembre del 2013, se convirtió en el primer país del mundo en legalizar su producción, comercialización y consumo.  Ahora, Chile lidera las investigaciones sobre sus propiedades medicinales y su uso es legal en Colombia, México, Israel, España y Holanda. En el caso específico de Uruguay, a pesar de la legalización de su uso, un alto porcentaje de la población, casi el sesenta por ciento, está en contra de esta medida.
En nuestro país no se han hecho todavía encuestas o consultas más amplias y serias, es decir, la población no tiene la información adecuada sobre los beneficios del uso medicinal de la marihuana ni se han presentado propuestas serias al respecto; incluso el presidente Pedro Pablo Kuczynski, con su peculiar manera de  opinar sobre temas que no conoce, ha dicho que es un hombre liberal y que si alguien quiere fumarse un “troncho” no es el fin del mundo, pero demostró su preocupación por las drogas “duras”.
Teniendo en cuenta que una de las debilidades de nuestro sistema político es la mala información, el debate superficial y la atención a intereses particulares, es probable que en nuestro país la discusión sobre el tema sea infructuosa y no lleve a buen término, o que se termine por aprobar una norma que beneficie a grupos de poder económico y no a los ciudadanos que necesitan resolver sus problemas de salud. Quedará, una vez más como en otros casos como la unión civil, o matrimonio de personas de un mismo sexo, por ejemplo, la pregunta de que si aprobamos una medida de esa naturaleza nos hace más “modernos”, “culturalmente adelantados”, o por el contrario seguimos atentando contra los cimientos morales de la sociedad.
Una madre de familia cuyo hijo ha reducido de veinte a una o dos convulsiones que sufre su hijo gracias al consumo terapéutico de la marihuana, ha dicho que por la salud de su hijo le daría cualquier cosa, con tal de reducir sus padecimientos. Pero los políticos, de quienes finalmente depende dar el siguiente paso, no piensan lo mismo. Se amparan en criterios morales, apelan a la tradición, a la preservación de la cultura, sin tomar en cuenta los beneficios a la población.
La marihuana, como otras plantas con propiedades medicinales, como la coca, el peyote, el ayahuasca, el tabaco o el té, han sido usadas por diferentes culturas desde hace miles de años, ya sea en rituales sagrados o efectivamente como un producto natural que podía curar desde las heridas del cuerpo hasta las del alma, pero ha sido el agregado químico lo que las ha ido convirtiendo en verdaderos venenos, que destrozan tanto vidas humanas como grupos sociales.
Esperemos un debate serio, científico, que anteponga los intereses de las personas a las de los grupos farmacéuticos, para que se tome una decisión acorde a nuestros tiempos, que el Estados asuma con seriedad el control que le corresponde y la sociedad con responsabilidad su consumo. No esperamos un libertinaje de consumo recreacional, sino la confianza en que la naturaleza nos sigue dotando de sus propiedades para que nosotros, hombres inteligentes, sepamos aprovecharla en bien de nuestra salud, antes de que la poca salud que nos queda se haga humo.
 
 
 
 
 
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