Manto de Turín: la sábana que envolvió a Cristo en su resurrección

Jue, 04/13/2017 - 12:34 -- paolagomez
Enrique Zavala

La Sábana Santa, que se cree que envolvió a Jesucristo en su tumba, ha sido siempre un misterio. Muchas veces se ha intentado demostrar científicamente que es un fraude, pero siempre aparecen otras pruebas que dicen lo contrario.

 
 
¿El Manto de Turín es realmente la tela que envolvió el cuerpo de Jesucristo después de su muerte? Después de apreciar una producción de National Geographic, casi quedé convencido de que no.
El documental presentaba la versión de escépticos que se amparaban en el resultado de las pruebas de radiocarbono 14 realizadas en 1988 cuyos resultados arrojaban que la tela data del siglo XIV después de Cristo. Era, según los estudios, un fraude.
Las pruebas fueron encargadas por el propio Vaticano, actual propietario del manto, también llamado Sábana Santa, y sus resultados revelados por prelados de la Iglesia Católica.
Todo, según el documental parecía zanjado y sólo se especulaba si es que la imagen del manto era la del genio Leonardo Da Vinci, que prácticamente se había autograbado.
Pero las cosas no eran así de sencillas. Hace unos años llegó a Arequipa uno de los estudiosos más importantes del Manto de Turín, Manuel Carreira SJ, un doctor en física, teólogo y filósofo, que mira la reliquia como un objeto arqueológico de sumo interés que, además, es el más estudiado de la historia de la humanidad.
Junto a él llegó la exposición de una de las réplicas más exactas del manto, que revelan todos los datos científicos que llevan a la conclusión de que realmente el manto envolvió a Cristo y guardó su imagen.
“Si se hubiera tratado de cualquier otro personaje histórico, con todas la pruebas, nadie hubiera dudado de su autenticidad”, dijo Carreira. Evidentemente el único dato que juega en contra de la veracidad es el de la prueba del carbono 14.
La Sábana Santa es un lienzo de lino de 4 metros con 41 centímetros de largo y 1 metro con 13 centímetros de ancho.
“Sobre una cara están impresas la imágenes frontal y dorsal de un hombre muerto luego de ser fuertemente herido y crucificado.
En el lienzo se pueden observar tres tipos de manchas principales: las huellas de sangre de un hombre herido crucificado, los rastros de quemaduras y machas de agua (en la tela) producidos, y la imagen misteriosamente impresa del hombre crucificado.
Las huellas de sangre y la imagen misteriosamente impresa coinciden con las descripciones que hacen los relatos de los Evangelios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret”, explicaban en la muestra.
Es precisamente esa imagen la que más curiosidad despierta, pues no es el rostro dibujado por la sangre, sino un grabado en el que no hay pigmento alguno.
 
 
 
La imagen del hombre torturado y crucificado que se ve en la sábana está completamente detallado desde labios y dientes hasta la estructura ósea. Es más, dos físicos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, John P. Jackson y Eric J. Jumper, descubrieron información  tridimensional en la fotografía de la Sábana Santa. El descubrimiento se hizo utilizando un escáner VP-8 que se usa para “reconstruir terrenos de modo tridimensional utilizando fotografías espaciales.
Es un sistema utilizado en estos momentos y había ejemplos claros de ello en el museo de vulcanología de la Universidad Católica de Santa María, donde con unos lentes uno ve tridimensionalmente la fotografía de partes de la Cordillera de los Andes.
Al ver la réplica de la sábana, que se exhibió en la Pinacoteca del Monasterio de Santa Catalina de Arequipa, uno puede distinguir claramente la imagen de quien podría ser el Cristo recién muerto.
Carreira, con quien pude estar en la muestra, me dijo que en esta réplica, una de las más exactas que hay, se puede distinguir mejor el cuerpo que en la verdadera Sábana Santa que él vio en Turín hace ya varios años. Los organizadores de la muestra luego me aclararon que efectivamente era así porque se trataba de una fotografía de alto contraste.
“El problema más difícil de solucionar, desde el punto de vista físico es el de la formación de la imagen corporal que hace único el lienzo de Turín.
Ninguna hipótesis de producción artificial es compatible con lo que se observa; tampoco ningún proceso conocido o plausible en el contacto de un cadáver con tela que lo envuelve.
En consecuencia, debemos aceptar que un hecho de orden sobrenatural ha sido determinante para darnos la imagen que observamos.
El hecho obvio es la resurrección”, dice Carreira.
¿Pero la resurrección puede haber dejado esa huella? ¿Y si fue así la resurrección de Lázaro dejó las mismas marcas en las telas que lo envolvían? Carreira piensa que la resurrección gloriosa de Cristo es especial, única y hasta hora no repetible, que involucra que el cuerpo material pase a otra dimensión distinta donde existe sin tiempo ni espacio.
En el caso de Lázaro no fue una resurrección de ese tipo, sino una revivificación, un regresar la muerte para alargar su vida un poco más y luego volver a morir.
En el caso de Jesús de Nazaret es una resurrección para nunca más morir. “Es como si la energía de la resurrección hubiera generado la imagen en la sábana”, me dijo Carreira.
El grupo de científicos STURP, después de tres años de profundas investigaciones concluyeron en que “la imagen se produjo por una pérdida de agua en las fibrillas superficiales del lino en aquellas partes del lienzo que estuvieron en contacto con el cuerpo.
Sin embargo, se desconoce el mecanismo físico-químico que transfirió la imagen”. Erwin Schevch, responsable de la muestra itinerante de la réplica de la Sábana Santa me explicó que los grados de intensidad de la coloración de la imagen frontal se relacionan directamente con las distancias lógicas de separación entre el cuerpo y la tela envolvente.
La relación matemática es tan precisa que permite una reconstrucción tridimensional de la figura de la Sábana Santa.
¿Todo eso pudo lograr en la edad media? No, pues no existía la tecnología suficiente, pues ni siquiera ahora se ha podido hacer. Pero no es sólo eso. Falsificar la imagen en el siglo XIV hubiese requerido conocer una serie de cosas que no se conocían y que ahora se saben sólo por el avance de la ciencia y de la tecnología, pues el tipo de rostro que se ve en la Sábana Santa pertenece al biotipo de un semita, muy parecido al de un habitante actual de Yemen al sur de Arabia Saudita. El tipo de sangre que se ha encontrado en la sábana es de tipo AB, no muy común entre los seres humanos, pero el más común entre los judíos.
Las huellas de la crucifixión corresponden a las torturas que le hicieron a Cristo.
Hay rastros de polen de platas que únicamente crecen en Judea y de algunas que allí crecieron y que ya se han extinguido. Todo eso no pudo ser calculado por un hombre de la Edad Media.
La Sábana Santa sigue siendo un misterio por investigar, un objeto arqueológico, que se seguirá conservando en condiciones especiales en la Catedral de Turín.
 
¿ES POSIBLE SU FALSIFICACIÓN?
Se ha afirmado que la Sábana Santa es obra de un falsificador medieval. Tal hipótesis solo es sostenible considerando algunas limitadísimas características de la Sábana Santa y olvidando todas las demás. Por el contrario, analizando todas las evidencias, el supuesto
“falsificador asesino” ha debido superar numerosas dificultades objetivas según ha señalado la licenciada Emanuela Marinelli: Para el falsificador debió ser muy difícil encontrar una víctima cuyo rostro fuese muy parecido a los íconos del arte bizantino y “moler a palos” al hombre a fin de obtener determinados contornos reproducidos en los íconos.
Otras características como la aparente ausencia del dedo pulgar y la flexión de una pierna se encuentran en la sintonía con la iconografía, pero no era fácilmente reproducible en un cadáver.
Clavar a la víctima, una vez muerta, una lanza haciendo que emane sangre y suero sanguíneo de modo separado, no pudo ser un experimento fácil de cumplir. Sería muy complicado mantener el cadáver envuelto en el lienzo cerca de 30 horas, impidiendo que avance el fenómeno de putrefacción, que debía acelerarse por las heridas recibidas.
El falsificador, a fines del siglo XIV, debió imaginar la invención del microscopio para añadir elementos no visibles por el ojo común: polen tierra, suero y aragonito.
También debió conocer la historia y arqueología relativa a las flagelaciones y crucifixiones del siglo I, las que habían sido olvidadas en el medioevo.
Debió encontrar dificultades para representar a Cristo en contraste con la iconografía del medioevo: el transporte sobre la espalda solamente del travesaño horizontal llamado
patibulum, los clavos en las muñecas y no en las palmas de las manos, el cuerpo completamente desnudo, la ausencia de un apoyo para los pies, además debió conocer los ritos sepulcrales de los hebreos durante el siglo I. Debió conocer el negativo fotográfico, inventado en el siglo XIX.
Tuvo que manchar el lienzo en algunos puntos con sangre derramada en vida y en otros con sangre post mortem, respetando entre otras cosas, en la realizaciones de las coladuras hemáticas, la ley de la gravedad descubierta en 1666.
Evidentemente debía colocar también el cuerpo manchado de sangre en las posiciones correspondientes antes de imprimir la imagen.
Es difícil también prever que de un cadáver se podía obtener una imagen tan rica en detalles. Una supuesta falsificación de la Sábana Santa sería el resultado de diversos experimentos y también de muchos delitos.
Supuestos todos los conocimientos científicos necesarios, el falsificador debió tener la capacidad y los medios para producir el lienzo.
Sería también muy largo el trabajo de retirar el cuerpo del lienzo sin el más mínimo desplazamiento ni desgarrón, que habrían alterado las huellas de sangre.
La realización artificial de la Sábana Santa es imposible hoy, con mayor razón lo era en el medioevo.
A estas dificultades, hay que añadir las irregularidades presentadas en las pruebas del carbono 14 realizada en 1988, entre las que destaca la investigación realizada por Raymond N. Rogers, quien señala que la muestra analizada era una pieza restaurada y contaminada por un estrato gomoso y, por tanto, no representativa del lienzo. Este y otros cuestionamientos descalifican la seriedad de los resultados obtenidos en dicha prueba. Finalmente hasta la fecha la ciencia no ha podido ofrecer una explicación satisfactoria a la formación de la imagen, manteniéndose como un desafío que se desconoce si podrá ser algún día descifrado.
La Sábana Santa sigue siendo un misterio y un desafío para la inteligencia.
 
 
 
LA IMAGEN DE UN CRUCIFICADO
Se ve en el lienzo la imagen de un hombre crucificado según las costumbres del siglo I. No hay señales de descomposición física, es decir es de un cadáver que tiene menos de 36 horas de deceso.
 
Las características más saltantes del hombre de la Sábana Santa son:
1. Es el cuerpo de un hombre que ha sido visiblemente flagelado y crucificado.
2. Contabilizamos 720 marcas producidas por bolas de metal, 370 marcas producidas por correas de cuero, 70 heridas en el cuero cabelludo. Total de heridas 1153.
3. Hay más de 5000 puntos de sangre.
4. Su estatura es entre 1.77 y 1.80 metros.
5. Su peso entre 75 y 80 kilos.
6. Edad: aparenta entre 40 y 45 años. Sin embargo, ha debido ser más joven tomando en cuenta el proceso de deshidratación que sufrió y a que no hay presencia de arrugas faciales.
7. La contextura es atlética, el tórax amplio y los músculos desarrollados en ambas piernas. Los dedos de los pies ligeramente separados demuestran que ha debido andar descalzo o con sandalias.
8. Posee una nariz enérgica, larga y fina. Sus ojos son grandes y hundidos. Los cabellos, abundantes y lacios, son recogidos en una cola de caballo. Tenía bigotes y barba poblados. Corresponde al biotipo semita (no es grecoromano). Sería muy parecido a un habitante actual de Yemén (al sur de Arabia Saudita).
 
 
 
 
 
 
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