Cusco: no una, sino muchas coimas

Lun, 05/29/2017 - 13:18 -- paolagomez
Jorge Turpo Rivas

El telón de fondo del encarcelamiento del ex presidente regional Jorge Acurio Tito por haber recibido sobornos de Odebrecht.

 
Jorge Acurio Tito se ha convertido en uno de esos personajes que, lamentablemente, de la noche a la mañana se hacen de mala fama, algo que en los últimos años es común en nuestro país. El ex gobernador de Cusco paseaba por su ciudad sin presagiar la amarga sorpresa que le tenía preparada la justicia peruana, tan impredecible como el clima serrano; no se escondió ni se resistió cuando los agentes le tocaron la puerta de su casa mientras otro tanto entraba sin tocar en sus otras propiedades en Lima y la ciudad imperial. El país despertaba con la noticia de que caía un ex funcionario público, uno más, salpicado por el lodo corrupto que ha esparcido la empresa Odebrecht.
Cuando usted, acucioso lector, lea estas líneas, ya habrá conocido parte de la historia de Acurio y se debe haber indignado, como medio país, de la actitud de las autoridades en quienes confiamos nuestro voto y futuro ciudadano, pero tal vez no pueda explicarse cómo es que un gobernante de Cusco, otrora capital de la cultura Inca que nos legó tres de los preceptos éticos más profundos y completos (Ama Sua: No seas ladrón, Ama Llulla: No seas mentiroso y Ama Quella: No seas flojo), sea ahora el centro de la atención de nuestras pesquisas anticorrupción.
Jorge Acurio Tito no es nuevo en política, ya había sido alcalde del distrito de San Sebastián, en Cusco, una zona tradicional donde, cuenta la historia, los españoles agruparon a los miembros de las panacas, familias directas por línea materna del Inca, convencidas de ser descendientes del Sol y por lo tanto una élite que además conservaba y transmitía los conocimientos y la filosofía de la cultura andina, basada en un comportamiento ético, respetuoso y laborioso.
Los miembros de la panaca asumían la responsabilidad de mantener un comportamiento ejemplar porque eran “vigilados” por el mismo Inca. De las panacas salían los consejeros del Inca y los sumos sacerdotes, por lo tanto, la gente de San Sebastián tenía que tener una profunda moral y un comportamiento ético ejemplar.
Salían también las mujeres elegidas como las “Vírgenes del Sol”, pero esa es otra historia. Pero nos ha tocado vivir tiempos distintos; el ansia de poder, los sueños de riqueza y la debilidad por los placeres que nos permite el dinero fácil, han derribado toda ética. La breve historia de Acurio puede servir también de ejemplo: iniciador de las filas del nacionalismo de Ollanta Humala en Cusco, llegó a la alcaldía de San Sebastián enarbolando las banderas de la honestidad, cumplido su periodo edil ganó las elecciones regionales y su sucesor en el distrito, Julián Incarroca, apellido de ancestro Inca, terminó prófugo de la justicia, ahora en la clandestinidad, por actos de corrupción.
Pero para los cusqueños esto de tener autoridades que luego terminan en la cárcel parece no ser novedad. Jorge Acurio Tito fue destituido de su cargo como gobernador de Cusco por corrupción y su sucesor, René Concha Lezama, sindicado como el promotor de la denuncia, ahora es también investigado por corrupción.
 
 
 
El antecesor de Jorge Acurio Tito, Hugo Gonzales Sayán, fue sentenciado a ocho años de cárcel por el delito de colusión en la licitación de 13 carreteras a favorde la empresa JS Contratistas.
Y el actual gobernador, Edwin Licona Licona, también es investigado por presuntos delitos de corrupción.
El mismo panorama se vive en la Municipalidad Provincial de Cusco, pues el anterior alcalde, Luis Flórez García, tuvo que suceder a Mariano Baca, quien a su vez fue vacado luego de suceder a la destituida Marina Sequeiros.
Pero como para probar que la enfermedad la alimentamos los ciudadanos que no aprendemos, el actual congresista por Cusco, Benicio Ríos, perdió las elecciones regionales ante Licona por estar acusado por el delito de colusión mientras fue alcalde de Urubamba, la fiscalía pidió prisión preventiva contra él, pero igual fue elegido parlamentario.
Pero volvamos a Acurio, protagonista de la vergonzosa noticia de la semana, sin afán de hacer leña del árbol caído, sino con la esperanza de que esto sirva de lección y haga que nuestras autoridades piensen dos veces antes de estirar la mano.
El exgobernador cusqueño integró los primeros entornos políticos de Humala y compañía, pero pronto se distanció por las pugnas internas del partido, organizó sus propios cuadros y asumió una posición dictatorial, tan común en los gobernantes de provincia.
Emprendió un ambicioso proyecto: la construcción de la vía de Evitamiento, una amplia avenida de varios kilómetros que conectaba prácticamente el aeropuerto con la carretera Cusco – Juliaca y desahogaba el atosigante tránsito de la avenida La Cultura, hasta entonces la única vía de ingreso al Cusco desde el sur.
La obra tuvo una valorización preliminar de 297 millones de soles, que se ajustó luego a 410 millones, hasta el momento se ha pagado 396 millones. Antes de la licitación, Acurio se reunió con representantes de la empresa Odebrecht para negociar una coima para entregarle la obra.
Acurio pidió nada menos que tres millones de dólares. La empresa accedió y para hacer las transferencias creó empresas llamadas “offshore”, a través de las cuales se hizo dos depósitos por un total de un millón doscientos cincuenta mil dólares.
Sin embargo, Acurio vio interrumpida su gestión como gobernador de Cusco por una sentencia en su contra, y Odebrecht ya no depositó el saldo.
En ese momento, diciembre de 2013, Acurio entraba a la cárcel pero saldría poco tiempo después, y entonces se le vio muchas veces en lugares públicos, saludando a simpatizantes y amigos, pero en cura de silencio; siguió viviendo en Cusco, haciendo viajes cortos a Lima, y mostrando una actitud contrita y de perfil bajo.
La gente fue olvidándolo, hasta que apareció otra vez en la televisión esposado y flanqueado por policías. Ahora ya está en Lima, entre rejas, con prisión preventiva preliminar, junto a sus abogados cómplices en las negociaciones ilícitas.
En las imágenes que ha difundido el Poder Judicial a través de redes sociales y todos los noticieros han reproducido, antes de ser trasladado a la carceleta del Ministerio Público, se ve a un Jorge Acurio Tito de 53 años, robusto, pero agobiado y avergonzado.
Al momento de rendir sus generales de ley o control de identidad ante el juez, se comoda el pelo, se limpia la cara, se frota las manos y las muñecas.
Está acusado de los delitos de tráfico de influencia y lavado de activos, no levanta la vista: es un hombre derrotado.
La mayoría de peruanos desconfía del Poder Judicial, como desconfía también del  presidente y los congresistas, como de la policía y de cualquier autoridad, a pesar de haber sido elegidas por esa misma mayoría; pero cuando se hacen públicos sucesos como la detención de Acurio y sus abogados hay también una luz de esperanza.
No se espera que la administración de justicia sea buena, sino que se aprendan las lecciones, que no se repitan estas vergonzosas escenas y que el brazo de esa justicia lenta y ciega alcance a todos los corruptos.
En Cusco aún se investigan a funcionarios y empresas privadas por irregularidades tanto en las licitaciones como en el cumplimiento de obligaciones por parte de las constructoras.
La empresa brasileña OAS, por ejemplo, se adjudicó la construcción del hospital regional Antonio Lorena y no cumplió con sus plazos y el gobierno regional rescindió el contrato.
Ahora la empresa pide una compensación de nada menos que dos millones de soles, la empresa Odebrecht, por motivos similares, ha demandado al gobierno regional por 120 millones de soles. Mientras tanto, la ciudad no tiene hospital.
 
 
 
 
 
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