Corrupción: la justicia en su laberinto

Sáb, 03/11/2017 - 12:51 -- paolagomez
Alfredo Herrera Flores

Este es el momento en que los ciudadanos se hacen más preguntas sobre sus gobernantes, el sistema de justicia y la democracia.

 
Millones de ciudadanos peruanos han manifestado en las últimas semanas su indignación por dos casos que además de haber trascendido las fronteras territoriales han afectado la autoestima nacional. Es una situación inédita en la historia del país, a pesar de que sufrimos desde los inicios de la República el tormento de la corrupción, pues no se habían presentado casos en tal magnitud ni de manera tan escandalosa. Nos referimos a los casos Odebrecht y Sodalicio.
La opinión pública se ha estremecido al conocer los alcances de la corrupción generada por la empresa constructora brasileña, sabiendo aún que lo que se conoce hasta hoy es solo el principio de un largo y nutrido proceso que, según un ex procurador anticorrupción, debe alcanzar a por lo menos trescientos funcionarios y ex funcionarios de los últimos cuatro gobiernos. Al mismo tiempo, una fiscal peruana, María del Pilar Peralta Ramírez, archivó el caso en el que se investigaban los abusos cometidos contra jóvenes por Luis Figari, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana. Solo unos días después, un representante de esta rama  de la Iglesia Católica salió a decir que se indemnizará a las víctimas de estos abusos, dejando en ridículo a la fiscal.
La primera víctima importante del caso Odebrecht es el ex presidente Alejandro Toledo, otrora abanderado de la lucha contra la corrupción, pero el proceso ha tenido un principio peculiar, se ha detenido a varios ex funcionarios del segundo gobierno aprista, incluido un viceministro, pero no se ha tocado a ningún dirigente o alto funcionario de ese partido, mientras que en caso de Toledo, es el único que ha sido acusado, sin que aparezca comprometido ningún ex funcionario de segundo nivel. ¿Qué sucede en el proceso? ¿Los fiscales y jueces solo actúan según hable el colaborador eficaz de Odebrecht? Las preguntas se hacen más lógicas en el caso Sodalicio: ¿Cómo es que después de tan nutrida investigación periodística de Pedro Salinas, Paola Ugaz y su equipo, y de las diligencias de la fiscalía, se archiva el tema e inmediatamente la propia institución investigada sale a reconocer los abusos y anuncia reparación económica para las víctimas? ¿Y por qué la Fiscalía no reacciona y reabre el caso? Luego el propio Vaticano, decide amparar y “castigar” a Figari condenándolo a orar para que se arrepienta. La Fiscalía peruana tampoco reacciona ante esta segunda confirmación de abusos.
Ante este panorama, pareciera que el problema no es la corrupción, enquistada como sabemos en casi todas las instituciones del Estado, desde la Policía Nacional hasta Palacio de Gobierno, sino el laberinto en el que se enreda y desenreda la justicia peruana, el embrollo y la maraña de leyes y procedimientos en los que jueces y fiscales se encuentran, desencuentran, se dan de zancadillas y endilgan responsabilidades, sin que ninguno de ellos haga algo efectivo.
Nadie pensó, es cierto, que Toledo caería en desgracia luego de los soplos de los propios corruptores, y que ninguno de sus colaboradores más cercanos cayera con él. El periodista Gustavo Gorriti, que antes marchó con el líder de la chakana en la recordada marcha de los cuatro suyos, ha manifestado su decepción y frustración, pues ahora no se trata solo de Toledo, sino de lo que supuestamente representaba en el ámbito de la política peruana, a pesar, incluso de la mala fama de dipsómano y mitómano.
Pero estas son, pues, las sorpresas que nos depara la justicia peruana, esta vez personificada en el inefable juez Richard Concepción Carhuancho, héroe para unos y títere para otros, y en toda una legión de fiscales y abogados defensores que están haciendo de la búsqueda de justicia un espectáculo televisivo. Y cada día, en cada capítulo, las preguntas del ciudadano, que no las hacen los periodistas, se caen de maduras ¿Por qué después de tantos años de investigación contra Toledo por el famoso caso Ecoteva no se ha dado con el hilo conductor de la corrupción?
¿Por qué es que medio país pide la captura de Alan García y la justicia peruana ni siquiera pronuncia su nombre? Respuestas hay, pero deben estar perdidas en el laberinto que es nuestro sistema judicial.
Y para colmo, el Congreso de la República, tan desprestigiado como el policía de la esquina, quiere investigar las redes de la corrupción de Odebrecht y los alcances del vergonzoso caso del Sodalicio. Gorriti ha dicho en un programa de televisión algo coherente: ninguna investigación del Congreso va a ser imparcial y objetiva, porque todos sus integrantes responden a determinados intereses, forman comisiones para medir fuerzas y ver quien acusa y quien defiende mejor. Pero nuestro Congreso va siempre con el pie en alto y exige y amenaza a la Fiscalía a que le informe sobre sus investigaciones e indagaciones, y ésta, desde la otra esquina, dice que no asistirá a ninguna citación y que colaborará por escrito sobre sus diligencias, que seguramente no son tan diligentes.
En las otras dos esquinas de este cuadrilátero de enredo están el Poder Ejecutivo, que ordena a todos ser consecuentes con sus funciones y obligaciones, y en sendos mensajes a la nación reitera que todo acto de corrupción debe ser denunciado, investigado y sancionado venga de donde venga. Y está la prensa, o el periodismo, o los comunicadores sociales (según la escuela en que se hayan formado) que se frota las manos porque tiene mucho que rebanar para llenar primeras planas y jugar con los titulares, convirtiéndose en una suerte de caja de resonancia de lo que tampoco pudo fiscalizar ni defender.
A pesar de que la justicia peruana se pierde en su propio laberinto, algún día se sabrá por lo menos gran parte de la verdad, eso esperamos los ciudadanos. Mientras tanto, nuestros fiscales confiarán en los colaboradores eficaces, que redimirán sus culpas con su sinceridad renacida, los jueces actuarán a conciencia o haciendo caso a las presiones de unos y otros, el Ministerio del Interior les pondrá precio a los fugitivos para ensalivar las ansias de los caza recompensas, al mejor estilo hollywoodense.
¿Hasta dónde alcanzarán las salpicaduras de la corrupción? La periodista Mabel Cáceres ha sembrado dudas y sospechas con una pregunta en las redes sociales: ¿Cuál es la empresa que al estilo Odebrecht ha trabajado en Arequipa? Y hasta el arzobispo arequipeño ha prometido severa investigación, misma rebeldía contra lo que se piensa en el Vaticano, contra sacerdotes acusados de violencia contra menores. ¿Estaremos encontrando la salida del laberinto?
Pero la desconfianza será cada día más real, y las preguntas se convertirán en un huayco de dudas. ¿Cómo es que toda la prensa muestra a Alan García y a Barata, el corruptor colaborador eficaz, en Palacio de Gobierno e inaugurando obras y no se le abre un proceso judicial? ¿Cómo es que la señora Nadine Heredia y su esposo el ex presidente Ollanta Humala están en las cartas y agendas de Odebrecht y no se dicta prisión para ellos e investigarlos de verdad? ¿Cómo es que después de que la fiscalía declara que no ha encontrado ninguna prueba de que en el Sodalicio se hayan cometido abusos contra menores los propios sodálites reconocen sus abusos y anuncian que entregarán a las autoridades los resultados de su propia investigación?
¿Habrá que esperar que García y Humala se investiguen a sí mismos y entreguen los resultados a las autoridades? Un analista ha salido a decir que estos actos de corrupción y nuestra  justicia lenta e ineficaz ponen en riesgo la democracia. Nuestra democracia es tan débil que estos problemas no le van a hacer daño, las democracias sólidas y consecuentes evitan que esto suceda. En una verdadera democracia el sistema judicial está al servicio de la ciudadanía, la fiscalización y control del Estado funciona desde la primera sospecha, y los funcionarios públicos están para servir y no para servirse y resolver sus problemas personales. La salida del laberinto está en la puerta del fortalecimiento de la democracia, esa que nadie quiere abrir y se tapa con Cristos donados, agendas escondidas, casas sobrevaloradas, empresas fantasmas, testaferros, curas encubiertos, obispos miopes y cardenales cómplices.