Arequipa, un lugar en el futuro

Vie, 02/17/2017 - 14:51 -- paolagomez
Patrick O’Brien

Una mirada a Arequipa, su sillar y un gran proyecto cultural en las canteras de Añashuayco.

 
 
Una larga cadena de alturas y vacíos cierra el horizonte. Para todo efecto el paisaje es una muralla que parece crecer dando forma interminable al infinito. Abruma. Inquieta. Impone sobre si, un silencioso respeto, sino desconfianza y miedo. Los grandes macizos, no son montañas, son volcanes: que han hecho erupción: una marea blanca cubrió íntegramente el valle, devastando el paisaje arequipeño, cubriéndolo de humo, ceniza y lava.
Las canteras de sillar son de los paisajes más conmovedores y bellos, y la esencia misma de lo que hace especial y única  a la ciudad Arequipa. Una ciudad que nace entre dos desiertos, en medio de una cadena de volcanes. Donde el paisaje ha sido bosquejado por los habitantes de este singular paraje. Arequipa está construida sobre suelo volcánico. Toda su geografía es producto volcánico. La condición volcánica de la ciudad y la región es incuestionable y es la característica más resaltante en esta conjunción de valles de fuego.
La estrecha relación entre el carácter volcánico de la región y su arquitectura y paisaje son consustanciales a lo arequipeño. No es solo el material, sino que su arquitectura y su base estructural obedecen a la frecuencia sísmica y al clima.
Las erupciones han generado una capa de roca que muchas veces llega a los 200 metros de profundidad y cubre íntegramente el sub suelo del valle del Chili. Esas dimensiones testimonian el tamaño de la actividad volcánica en la región.
Una campiña de matices irrepetibles, surcada por terrazas de sinuosa simetría y la desoladora belleza de sus tres volcanes, hacen de Arequipa una ciudad singular. Un breve episodio de armonía en la agreste y portentosa geografía andina.
No se puede tener una lectura aproximada de la ciudad sin considerar la importancia que tiene en su historia, economía, arquitectura y carácter: su ubicación, geografía y el paisaje. En el que la cadena volcánica y el desierto son dos elementos fundamentales, pero es lo que el hombre hizo con ese reto lo que finalmente determinó el carácter de la ciudad y le dio forma final al paisaje.
Se puede dividir a la arquitectura en tres niveles, el primero: la nociva: que agrede, estropea, malogra el paisaje, tan común en los nuevos y no tan nuevos desarrollos urbanos del Perú; el segundo es el que logra integrarse al paisaje, sin causar efectos perniciosos en él, y el tercer nivel, el tipo de arquitectura, quizá sea la verdadera arquitectura, tan escasa como deseable, requiere tener una lectura cabal del paisaje, es la que logra, incluso, culminar el paisaje, si se quiere enriqueciéndolo, coronándolo en un momento mayor, ejemplos como Machu Pichu, Petra, El Partenón y el propio Centro Histórico y campiña de Arequipa como eje del semicírculo volcánico, son claros ejemplos de ella.
El sillar (Ignimbrita: roca de origen volcánico), es el elemento fundamental, es una roca porosa, de tonos claros que oscilan entre varios modos de blanco opaco, el rosa claro y algunas variedades melones. Tiene un lugar protagónico en la arquitectura virreinal y republicana hasta las primeras décadas del siglo XX, aunque luego ceda al empleo de otras técnicas y materiales, su explotación permanece constante. Su uso fue intensivo y excluyente en la arquitectura de la ciudad de Arequipa, ya fuera civil y religiosa, monumental o popular.
Las edificaciones del Centro Histórico de Arequipa construidas con esta roca son representativas de la fusión de las técnicas de construcciones europeas y nativas, hechas por arquitectos y maestros de obras españoles y los albañiles y talladores andinos. Este encuentro toma forma en los amplios muros, las arcadas y bóvedas, cúpulas, zaguanes y contrafuertes, los patios y espacios abiertos, y la decoración barroca.  Sus tallados enriquecen la plástica del Centro Histórico que ha recibido el merecido reconocimiento a su singularidad.
Fueron los terremotos y erupciones los que llevaron más pronto que tarde a los nuevos pobladores a usar casi de manera excluyente este material, que contribuirá poderosamente en el carácter único de la ciudad.
Original y única, Arequipa es una síntesis de lo mejor de dos mundos. Y lo es, no solo por la arquitectura mestiza o la presencia de las bellas terrazas que son una maravillosa y creativa manera de generar productividad y belleza, en la que se integra de muchas formas la arquitectura con el paisaje. Si no, y fundamentalmente, por la fusión que integra permanentemente nuevos influjos y talentos al delicado crisol que no deja de mutar y ofrecer una nueva  versión de una esencia que permanece en el tiempo: el carácter rebelde y a la vez acogedor, la tradición de pluralidad y tolerancia en un mundo donde se disputan más dudas que certezas, hacen de Arequipa una ciudad proclive al desarrollo humano y al encuentro de culturas y vivencias.
La ciudad es permanentemente una síntesis que crece y se pluraliza, amparada en una tradición que mucho tiene que ver con el legado del centro histórico y su relación con su entorno.
 
LA CIUDAD
Arequipa es un oasis pero fundamentalmente es un encuentro entre desiertos, diferentes culturas, climas y sucesos que le dan carácter particular a esta breve pero notable y bella joya del mundo andino. El Centro Histórico de Arequipa no es una frontera sino un puente, la amalgama de una fusión lenta y continúa, que armoniza el encuentro de la arquitectura española, el arte y saberes de los alarifes indios; creencias y costumbres de uno y otro mundo, y una permanente adaptación a la particular geografía, clima y suelo y desde luego los periódicos avatares climáticos, sísmicos y volcánicos de la región.
La arquitectura mestiza fruto del encuentro de la escuela barroca española y las técnicas y arte andino es producto, también, de un largo periodo de adaptación a las condiciones sísmicas y climatológicas de la región que lleva, primero y fundamentalmente al uso del sillar como material fundamental en la construcción de templos y solares, que reemplazó al adobe, madera y piedra a partir del primer gran evento sísmico que afectara gravemente a la ciudad, el grosor de sus muros que se asegura, continuo ensanchándose a medida que se sucedían los terremotos hasta el ingreso de nuevas técnicas constructivas que llegaron con la modernidad en los vagones del ferrocarril, al uso de contrafuertes, vanos bajos, pequeñas ventanas, predominaron también las construcciones de un solo piso y la bóveda de medio punto.
Los arequipeños lograron atenuar las duras condiciones del desierto, creando microclimas con sus huertos y la proximidad de la ciudad con su campiña y manejaron la dura luz de la sierra de manera magistral en sus naves, salas y salones. Una ciudad que se está rehaciendo permanentemente es proclive a la influencia de nuevas técnicas y modas propias de cada momento histórico, que tienen una marcada presencia en el desarrollo urbano de la ciudad. Por lo que a pesar de la unidad y homogeneidad general del Centro Histórico, encontramos elementos importantes de una serie de estilos tanto en la arquitectura civil como religiosa.
La unidad se conserva por las características estructurales esencialmente (antisísmicas) y culturales, y fundamentalmente al sillar.
 
IMPORTANCIA
Arequipa es una ciudad que está a medio camino de la costa y la sierra, es andina y moderna, creyente y liberal, está rodeada de desiertos y volcanes y en su breve campiña desarrolla una de las agriculturas más productivas y eficientes y una ciudad que debe ser el eje central de un mapa de una economía, ahora, invisible, conformado por el sur peruano, el centro-oeste brasileño, el norte de Chile y Bolivia.
 
LAS CANTERAS DE SILLAR
Este  espacio urbano está cortado por 5 quebradas mayores, que hace varios millones de años fueron inundadas por material piroclástico, una especie de espuma volcánica, que millones de años después se convirtió en “el sillar”. En ellas se desarrolla actividad minera artesanal, ese mineral se usó casi excluyentemente en la construcción de la Arequipa virreinal, incluso hasta las primeras décadas del siglo XX. Hoy su empleo ha cedido espacio a otros materiales pero su explotación sigue vigente.
El valor simbólico de la quebrada de Añashuayco está dado por 5 características principales que hacen de ellas un símbolo de la ciudad: el desierto como característica fundamental de la geografía de Arequipa; la influencia del carácter volcánico del territorio en la arquitectura de la Región; “el sillar” como material protagónico de la arquitectura virreinal y republicana; la importancia de la minería en el desarrollo de la ciudad, su dinámica económica y ubicación estratégica; la quebrada como la campiña arequipeña, son paisajes que han sido labrados por el hombre.
 
UN COMPLEJO CULTURAL
El valor plástico, la fuerza expresiva, la belleza natural, la riqueza simbólica y cultural de las canteras de sillar, la convierten en un lugar privilegiado, una mina que: rebasada por la  cuidad y que al ser sellada permite el enriquecimiento y aprovechamiento cultural con utilidad turística que llevados convenientemente pueden dar lugar a un episodio del desarrollo cultural y turístico de la ciudad sin precedentes.
El proyecto se concibe como la construcción y operación de un complejo cultural, que partiendo del paisaje volcánico, el desierto y el proceso cultural escultórico y arquitectónico, que son parte esencial de la región Arequipa, edifica un centro de arquitectura monumental, que respetando el paisaje natural lo consolida como una obra maestra del talento humano. En este espacio único, que resume el carácter de lo arequipeño, se desarrolla una propuesta contemporánea con la participación de los mejores exponentes de las artes visuales del contexto mundial, alcanzando una nueva dimensión en el uso cultural del sillar. Este complejo desarrollará el mayor aporte a la riqueza monumental de la ciudad, entregando a la población del Cono Norte, a los habitantes de la ciudad y de la región Arequipa, y a los visitantes nacionales y extranjeros, el mejor y mayor complejo de escultura y arquitectura de paisaje del continente.
Pensando en el bicentenario, el principal aporte de una generación al valor monumental de la ciudad, definiendo el nuevo centro urbano en una ciudad que tiene como eje tensor de su crecimiento noroeste, un importante impulso al desarrollo cultural y turístico que integrará a las poblaciones jóvenes a las posibilidades metropolitanas de Arequipa y se convertirá en un polo de desarrollo que atraerá a un millón de visitantes al año al complejo.
Construir un centro cultural que reúna lo mejor de diferentes tradiciones, para consolidar a la ciudad como la más importante entre Lima y Santiago de Chile y como referente cultural e Internacionalizar Arequipa al lograr que la colección de esculturas que se harán, en un lapso de 10 años, sea la mayor reunión de arte contemporáneo del continente.