Alimentación saludable: un reto pendiente en la Unsa

Mar, 01/17/2017 - 12:48 -- paolagomez
Francesca Peñaranda

La mayoría de quioscos venden comida chatarra y los alimentos naturales cuestan caro. ¿Porqué nos llenamos de conocimiento y no aprendemos a alimentarnos?

 
La enfermedad más común en los estudiantes de la Unsa es la gastritis, esa enfermedad que se instala en el estómago y puede degenerar en una úlcera y hasta en el temible cáncer si no es tratada. Carmen Rodríguez, docente de la escuela de Ciencias de la Nutrición, dice que también el sobrepeso y la anemia van ganando terreno entre los universitarios. Todo tiene su origen en la mala alimentación.
La vida universitaria está llena de trabajos, exámenes, prácticas, desvelos, estrés y largas jornadas de clases que demandan gran esfuerzo físico y mental. Por eso, Rodríguez recomienda que la dieta de los jóvenes sea balanceada por sus mayores requerimientos energéticos y nutricionales.
Pero la realidad demuestra lo contario. El consumo de comida chatarra como hamburguesas fritas, bebidas gaseosas, productos envasados y golosinas, es el panorama frecuente en los pasillos de la Unsa. Sin contar que muchos estudiantes se inician en el vicio del cigarrillo entre clase y clase.
Según el docente y nutricionista Sócrates Becerra Castillo, los universitarios comen grandes cantidades de carbohidratos porque les resulta más agradable a su paladar y creen que nos les pasará nada. A ello se suma el hecho de que las alternativas de una alimentación saludable en la Universidad Nacional de San Agustín, son escasas.
Hicimos un recorrido por las diferentes áreas y comprobamos que la mayoría de quioscos no ofrece ni un solo producto nutritivo y saludable. Solo un par ofrecen algunas frutas, pan con queso, pan con palta o alguna bebida natural. Según los propietarios no venden productos naturales porque no hay demanda y la idea de un quiosco saludable no es rentable.
También hablamos con cerca de 40 estudiantes de distintas carreras profesionales. La mayoría dice que sí le interesa alimentarse bien y que sí acudirían a quioscos saludables. Hasta se atreven a afirmar que preferirían una fruta a plato de salchipapa. Lo malo es que muchos solo lo dicen de la boca para afuera, porque a la hora de escoger un refrigerio corren por una hamburguesa con papas fritas.
“Algunos estudiantes realmente están cambiando y prefieren comer cosas sanas y toman un jugo de fruta o chicha morada en lugar de gaseosa”, dice Rosita, dueña de uno de los pocos quioscos calificados como Saludable en la Unsa.
Unos metros más allá en el área de Biomédicas, la señora Charo también se esfuerza por ofrecer cierta variedad de comida sana.
Aunque reconoce que es más caro que los productos embolsados porque hay que refrigerarlos para que no se malogren.
Lo mismo sucede con Domitila, quien tiene un pequeño quiosco en el área de Sociales. Vende frutas, jugos de diferentes sabores, refrescos y sándwich saludables. Pero también vende comida chatarra porque dice que a los universitarios les gusta y hay que ofrecer al cliente lo que pide.
Los dueños de estos quioscos coinciden en señalar que los jóvenes consumen comida chatarra por dos razones: la sienten más rica y es más barata. La señora Charo vende a tres soles con cincuenta una ensalada de frutas. Un sándwich de hamburguesa puede costar un sol menos.
Hablamos con Norita, dueña de un quiosco donde lo único saludable que vende son los refrescos. Contó que su sándwich “mata hambre” es el que le genera más ingresos. Es un pan con omelette de huevo con salchicha, papas fritas al hilo, un poco de ensalada y cremas al gusto. Cuesta dos soles.
Para muchos jóvenes en la Unsa un “mata hambre” es todo lo que les permite consumir su economía. Si mejor no tienen el dinero suficiente para alimentarse bien, a la larga gastarán más cuando se vean afectados por diferentes males.
En el quiosco de Norita conversamos con Emily Alceres (22 años) estudiante de Trabajo Social que disfrutaba su “mata hambre” a media mañana. Nos dijo que ella compra ese sándwich por su bajo precio. Y que comprar ensaladas o frutas en el área de Sociales es muy caro. “Si quieres comprar comida saludable es mejor ir a la calle”, dijo.
Se combinan muchos factores en el círculo de la alimentación de los universitarios. Por un lado los dueños de los quioscos que le dan prioridad a las ventas porque de eso viven, y del otro los jóvenes que no llegan a la universidad con una buena educación alimenticia.
Karolina Sulli Salas (17 años), estudiante de Ingeniería Industrial, opina que ante este círculo vicioso de oferta y demanda, se deberían realizar campañas sostenidas de concientización, tanto para los dueños de los quioscos como para los estudiantes.
Alex Villanueva (30 años) estudiante de Sociología, comparte la propuesta de Karolina, pero dice que la mayor incidencia de las campañas, deben estar enfocadas a los jóvenes porque ellos son quienes deben cuidarse.
En tanto, su compañero Diego Meneses (29 años), propone hacer un cambio radical en los quioscos y obligarlos a vender pura comida saludable. Fiscalizarlos y multarlos si los sorprenden vendiendo comida chatarra. “Las campañas duran un rato y luego todos se olvidan”, dijo.
Carla Salcedo (17 años) de Ingeniería Industrial recordó que en su colegio se promovió una cultura saludable y todos los quioscos dejaron de vender chatarra, pero luego se veía en los mostradores fruta malograda porque nadie la compraba.
 
CAMBIOS
Todo puede ocurrir mientras no se tomen decisiones de fondo. El rector Rohel Sánchez, anunció la semana pasada que están preparando un cambio radical para los quioscos que operan en el campus de la Unsa. No solo incluirá ubicarlos mejor, sino también involucrará el tema de salud. “De lo que estamos seguros es que no pueden seguir así. Hay que poner orden y velar por la salud de los jóvenes y que la universidad tenga un verdadero ambiente de centro de formación”, dijo.
Esa labor, agregó, se hará desde el primer semestre del próximo año. Contó que cuando recorrió el área de biomédicas encontró que algunos quioscos hasta ponen música a elevado volumen como si la universidad fuera un lugar para kermeses.
Sin embargo, quedó claro que en el tema de educación alimenticia todavía falta mucho por hacer. En la ceremonia por el 33 aniversario de la Escuela Profesional de Ingeniería Pesquera, donde participó el rector, se repartió gaseosas a todos los estudiantes en el momento del brindis. Y los de pesquería son vecinos de la escuela de Nutrición.
Ejemplos a seguir hay muchos dentro del propio campus. El señor Alberto Aguilar que en su carretilla en el área de Sociales vende jugo de naranja y una gran variedad de porciones de frutas demuestra que cuando se tiene la voluntad de vender comida saludable, solo hay que hacerlo. Los clientes llegan solos. Alberto siempre acaba sus productos.
El nutricionista Sócrates Becerra comentó que no es sencillo combatir la mala educación alimentaria que se forma en los hogares y hasta en la escuela. “Y las consecuencias son ignoradas por los universitarios.
Todo empieza con la gastritis, anemia y sobrepeso pero a largo plazo produce enfermedades crónicas degenerativas como la hipertensión, diabetes, problemas cardiovasculares y colesterol elevado y estas causan otras enfermedades como el cáncer o artritis”, indicó.
A decir de Becerra hay que empezar por las campañas para concientizar a dueños de quioscos, universitarios y hasta docentes.
Por su parte, Carmen Rodríguez recomienda los universitarios comer cinco veces al día. En el desayuno (lo principal) pueden tomar cereal con jugo de alguna fruta y un pan con palta o aceituna. A media mañana, otro pan con algún refresco o agua pura. En el almuerzo, para los que no gozan del servicio del comedor universitario, deben buscar los quioscos que venden menú. En la tarde un pequeño snack como maní o nueces, y en la noche comer algo ligero como un pollo a la plancha y ensalada, en especial si se van a desvelar estudiando.
 
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