“No es la lluvia, es usted, señor alcalde”

Sáb, 03/18/2017 - 12:07 -- paolagomez
Alfredo Herrera Flores

Arequipa, la más importante capital del sur del Perú, sigue afrontando la temporada de lluvias como un pueblito aislado.

 
 
Acostumbrarnos históricamente a endilgarle la culpa de nuestros males a quien ninguna responsabilidad tiene ha impedido, que quienes sí tienen responsabilidad, reconozcan sus errores, excesos u omisiones. Así, decimos que la culpa de nuestra tardanza la tienen la cantidad de semáforos que hay en nuestra ruta y la lentitud del transporte urbano, cuando en realidad fuimos nosotros quienes salimos tarde de casa. No sé si se trata de una actitud que deba estudiarse desde la piscología, la sociología o la antropología, pero tal parece que no hay explicación razonable para entender a aquellos que creen que fuerzas extrañas afectan su normal desarrollo o desenvolvimiento social.
Nuestra ciudad parece haberse resignado a convivir con el desastre y sorprende la falta de reacción desde la actitud ciudadana o desde la responsabilidad de la autoridad. Hay en la atmósfera social una desidia colectiva que nos enceguece y a lo único que nos ha llevado es a echarle la culpa a la naturaleza de nuestros problemas como ciudad. Actitud ancestral enraizada en el sub consiente que no permite que asumamos nuestra función ni nuestro deber frente a la adversidad.
Esta semana la portada de un diario local mostró de manera dramática la lamentable actitud de nuestros alcaldes frente a las consecuencias de las fuertes lluvias que afectan tanto a la ciudad de Arequipa como a la región. Seis alcaldes distritales, además del alcalde provincial, endosándole la culpa del pésimo estado de nuestras calles a la lluvia de la temporada, y organizándose para protestar contra el gobierno por esta calamitosa situación.
Parece broma, pero el alcalde del distrito de Mariano Melgar, por ejemplo, dijo que “el ochenta por ciento de nuestras vías está en mal estado y el sistema de drenaje no sirvió”; por su parte el alcalde de Paucarpata ha dicho que “solo para parchar las vías necesitamos más de un millón y medio de soles”. Parecen sencillas y cotidianas declaraciones de una autoridad edil frente a un problema, pero ¿no es que ellos son responsables del estado de las vías, de que los sistemas de drenaje funcionen y de prever presupuesto para cumplir esta labor?
Para ilustrar mejor esta patética actitud, el alcalde provincial de Arequipa ha dicho en una reunión convocada para “analizar” el problema que “si nosotros no levantamos nuestra voz de protesta, el Gobierno pensará que en Arequipa no hay ningún problema con motivo de las lluvias, y como ustedes son testigos, las lluvias han dejado las vías destruidas”. Es decir, ¿hay que protestar contra el gobierno por los daños que han dejado las lluvias en nuestras calles?
Uno de los acuerdos de la reunión dice que el alcalde viajará a Lima a solicitar al gobierno central 250 millones de soles para reparar las pistas afectadas y que si se consiguen esos recursos los alcaldes deberán elaborar los expedientes técnicos para la reparación y repavimentación de las calles dañadas. Nueva pregunta ¿recién entonces elaborarán sus expedientes?
Una larga lista de preguntas puede hacerse cualquier ciudadano frente a una situación como esta, que se repite cada año ¿desde cuándo? Sin embargo, así como se repiten las preguntas las respuestas siguen siendo las mismas: En Arequipa no llueve mucho, por lo tanto no es necesario hacer calles con alcantarillado; las calles son asfaltadas por empresas especializadas y confiamos en que su producto es óptimo; nunca sabemos cuán fuertes serán las lluvias, hay años en que no causan ningún daño; estas calles han sido pavimentadas por gestiones anteriores y ellos son los responsables; inmediatamente haremos un plan de parchado integral para reparar las vías; pedimos a los ciudadanos un poco de paciencia.
Es muy cierto que las lluvias que ha soportado la ciudad de Arequipa, como muchos otros lugares del país, han causado serios problemas que, incluso, ha costado la vida de varias personas, pero hay una notable diferencia entre un desastre natural, una situación de emergencia y una calamidad provocada además por la desidia de quien pudo evitarlo. A modo de ejemplo, si el propietario de una vivienda sabe que el techo de su casa no está diseñado o construido para soportar una fuerte lluvia entonces es directamente responsable de tomar las previsiones del caso sabiendo que en época de lluvia puede caer una fuerte precipitación pluvial, si no lo hace y se produce la desgracia, ¿tendrá que quejarse al alcalde por las consecuencias, pedirle dinero para reparar los daños y protestar?
Para esquivar estas preguntas y tratar de explicar las respuestas, alguien ha acuñado la frase que “en este país puede suceder cualquier cosa”. Pero lo que sucede es que nuestras autoridades no acostumbran trabajar, o por lo menos a trabajar como corresponde: con responsabilidad y pensando siempre en el bienestar del ciudadano. Si esto fuera cierto, es decir, si sucediera, no habría necesidad de parchar las calles, desplegar cuadrillas para rellenar con tierra y piedras los hoyos de las pistas, ni culpar a la lluvia y menos protestar contra el gobierno.
En la voz directa de un ciudadano habría que encarar a la autoridad: “No es la lluvia, es usted, señor alcalde, el único responsable del mal estado de nuestras calles”. Por lo tanto no solo deberíamos tener en claro el alcance de nuestras responsabilidades y nuestra vergüenza como autoridades, sino que deberíamos repasar en nuestra función de vigilancia ciudadana desde nuestras organizaciones vecinales, instituciones públicas y privadas y la prensa responsable, pues la única manera de garantizar trabajo y calidad del trabajo es la vigilancia ciudadana.
La situación de la ciudad de Arequipa es particular. En lugares donde las lluvias son más constantes y copiosas, que soportan granizada o nieve, las autoridades han aprendido a encargar la construcción de vías con material resistente, impermeable, con las inclinaciones adecuadas y desagües en sitios estratégicos; y cuando no han aprendido, los pobladores soportan cada año inundaciones, desbordes de ríos o canales, y sus calles se deterioran inmediatamente, generando mayores gastos  y esfuerzos. Pareciera que en Arequipa no se ha aprendido de esta experiencia.
El paisaje lunar en el que transitamos conductores y peatones en Arequipa no es culpa de las lluvias, es de las autoridades. Los alcaldes son responsables de la calidad de las obras de desarrollo de la ciudad, por lo tanto tienen el deber de cuidar que los contratistas cumplan con las especificaciones técnicas adecuadas para una ciudad que, como se ve, soporta fuertes precipitaciones pluviales; tienen además la responsabilidad de prevenir que los sistemas de alcantarillado, si hubieran, funcionen debidamente, estén operativos y libres de basura, que se haga mantenimiento periódico en las pistas y se protejan con material adecuado antes de que las lluvias provoquen daños, que se hagan evaluaciones periódicas de las estructuras de puentes, pasos a desnivel, cruces de vías y canales de desfogue; que se presupuesten recursos de contingencia para que se pueda desplegar maquinaria, material y personal ante una emergencia.
Creo que Arequipa metropolitana ya no es una ciudad que deba estar lamentándose de sus males como si se tratara de un pueblito indefenso, aislado y sin recursos, y lo peor, sin autoridad. Arequipa ya ha puesto un pie en la modernidad, es ciudad patrimonio cultural de la humanidad, es la capital más importante del sur del Perú, es centro de servicios turísticos y educativos con mayor proyección en el sur, y no puede adolecer de autoridades que no asuman su responsabilidad en la construcción de esta ciudad, y en lugar de hacerlo se quejen y protesten.
 
 
 
 
 
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