Las cosas de Tía María

Lun, 01/30/2017 - 14:21 -- paolagomez
Manuel Ugarte Cornejo

Un análisis que va más allá de las simplistas explicaciones que se han dado a la oposición de un pueblo a la minería en el valle de Tambo.

 
Estos últimos meses he conversado con muchos actores sociales que se ubican en una y otra margen del río de opiniones y posiciones frente al conflicto socio-ambiental de Tía María. Sin el ánimo de agotar toda esta problemática, y abusando de la libertad del género periodístico de opinión, hablaré —brevemente— sobre algunas “cosas raras” que he notado. Y entiéndase por raro, algo atípico, algo incoherente y hasta aparentemente irracional, y a la vez raro por su ausencia como por su exceso, y hasta raro por lo paradójico que puede parecer.
 
Es raro cometer tantos errores al iniciar una relación
La oposición radical al proyecto no fue un hecho que se dio desde el inicio. Sí hubo mucha expectativa e incertidumbre.
A partir de allí la empresa y el Estado, pero principalmente la empresa, comenzaron una serie de errores, uno peor que el otro, que terminaron creando un ambiente de desconfianza que luego fue aprovechado por discursos más radicales. Que si se iba a tomar agua del río, de los afluentes, de los acuíferos, o del mar. Que se dijo primero del mar, y después el informe técnico decía del río. Que se iba a dar trabajo a la población local y luego que no, que iban a ser unos pocos los elegidos para la capacitación. Que venían a dialogar con la población y después no dejaban hablar al alcalde Juan Guillén. Que venían a traer desarrollo y terminaban enfrentando a unas familias contra otras, por ejemplo a  través de una publicidad radial  con mensajes fuertemente polarizantes.
 
Es raro que la anarquía sea la mejor defensa
"La anarquía del Valle es su mayor problema y a la vez su mejor defensa". Me lo dijo un abogado muy ligado al conflicto en cuestión y creo que no le falta razón. Por un lado, es un error pensar que la oposición en el valle de Tambo es un frente monolítico que sostiene un único discurso. Hay facciones, divisiones, posturas diferentes.
Unos son más ecologistas, otros  tienen intereses políticos, otros económicos. Unos son aliados hoy y enemigos mañana. Otros quieren protagonismo. Pero al contrario del refrán "divide y vencerás", esta segmentación de posiciones ha convertido el valle en un lugar “anárquico” al que por eso mismo, es difícil conquistar.
Si te alías con algunos,  como lo ha hecho la empresa, entonces te harás enemigo de  los demás.
A esta tesis, le añadimos el hecho de que no existe una  estructura política que pueda canalizar adecuada y oportunamente las demandas locales.
Mucho tiempo antes de las protestas, el encarcelado ex líder del Frente de Defensa del Valle de Tambo, Pepe Julio Guitérrez —me lo contó en el penal de Socabaya— se fue con una comisión de representantes del Valle de Tambo hasta Lima con sus inquietudes, preguntas y demandas, pero nadie del Ejecutivo quiso recibirlos, a las  justas un funcionario menor de  la oficina de conflictos sociales, sin capacidad de decisión ni de evaluación, ni de diálogo y sin ninguna injerencia. La oficina que menos estuvo presente en el conflicto fue la de conflictos sociales de la Presidencia del Consejo de Ministros. ¡Qué raro, tener competencia, presupuesto y personal, y ser el más ausente! Esta característica también se echa abajo la tesis de la “conspiración”.
Qué fácil ha sido para Lima etiquetar a los "revoltosos" y meterlos a todos en un mismo saco. Todos ellos borregos engañados por el lobo feroz antiminero.
Si dejamos el cuento, la realidad que ha vivido Tía María no se explica toda ella, ni siquiera en gran parte, con esta fábula que comienza y termina en los pasillos acostumbrados de “lobistas”, donde muy a menudo la cola del “lobo” no puede disimularse.
Hay que preguntarse ¿a quién beneficia engañar a los funcionarios estatales con el cuento del "terrorismo antiminero"? ¡Minería a sangre y fuego!
 
Es raro que no se considere que el valle tiene una nueva estructura social
En muchos casos, se puede afirmar que los propietarios ya  no son agricultores. La relación entre la tierra y los agricultores ya no es la misma en el Valle de Tambo, que lo que era hace unos 20 años. Los dueños de la tierra ya no son quienes las cultivan.
Ellos las alquilan a campesinos que pagan un alquiler para poder sembrar una tierra de la que no son dueños. El mismo Adam Smith (padre de la economía moderna) sostenía que es el trabajo lo que produce la riqueza, no la renta.
Esta  nueva reestructuración económica del valle es parte también de una nueva configuración social.
No estoy sosteniendo — al viejo estilo marxista— que las  estructuras económicas determinen la conformación social.
Solo digo que algo ha cambiado en el valle que involucra lo económico y lo social, y creo que eso no ha sido suficientemente comprendido, aunque de hecho considero que estos desafíos de integración que enfrenta el valle más que económicos son sociales y culturales.
 
Es raro que el EIA haya tenido tantos errores.
¿En verdad es raro? Difícil encontrar un solo calificativo que englobe todo lo que el Estado perdió cuando aprobó ese primer  desafortunado Estudio de  Impacto Ambiental (EIA): Decirle "ineficiente" es poco. Porque el informe de la UNOPS (un organismo técnico de las Naciones Unidas), con toda seguridad, marcó un antes y un después en la legitimación social de la protesta. Solo el Estado peruano es capaz de regalar armas a sus enemigos, armas para combatir contra él mismo.
Fue un error mayúsculo que el mismo ministerio que tiene por objetivo promover la inversión minera, sea el mismo ministerio que se encargue de aprobar el EIA. Ser juez y parte, le costó caro. Además, porque la falta de capacidad, capacidad técnica en este caso, para darse cuenta de una sola de las 138 observaciones.
Le costó la autonomía, y cuando una agencia estatal pierde autonomía, puede llevarnos a la ingobernabilidad como ocurrió en este caso.
¿Algún funcionario encargado del proceso de aprobación de ese fallido EIA fue sancionado por el Ministerio de Energía? ¿Alguien cometió 138 errores y no recibió sanción  ejemplar, aunque sea para limpiar —en algo— la imagen  de la institución? Por este motivo el diálogo dejó de ser técnico y a partir de allí los dirigentes rechazaron en todo momento la discusión sobre acuíferos, material particulado, lixiviación y ripios.
El Estado y la empresa dejaron muy en claro que los informes técnicos pueden tener errores y las fórmulas químicas  pueden justificar cualquier cosa en el papel. Por eso con los ingenieros no se conversa de aspectos técnicos, porque ellos siempre van a terminar ganando, aunque avalen con sus firmas 138 errores.
Por eso  la respuesta es más compleja que la sola pregunta de "¿por  qué no quieren entender que las observaciones de la UNOPS ya han sido levantadas?".
 
Es raro que un proyecto económico que puede traer tanto desarrollo a la región y al país, enfrente tantas dificultades para garantizar que cumplirá los estándares ambientales que se compromete a cumplir. En fin —y aunque hay mucho más—, para terminar esta vez, añadiremos que también es raro pretender que las estrategias del “reencuentro” (de la empresa), y el “adelanto social” (del Estado) resuelvan este conflicto en el mediano plazo.
 
 
 
 
 
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