La lectura ¿aprender o enseñar a leer?

Vie, 01/27/2017 - 13:38 -- paolagomez
Alfredo Herrera Flores
En un artículo publicado en un diario español hace solo unos días se afirma que “quien hoy no lee mañana tampoco lo hará, así los libros vengan en otros formatos”. Su autor, Javier Rodríguez, se refiere así a dos problemas contemporáneos respecto al acceso a la cultura: la costumbre y capacidad de lectura y el violento proceso de pasar del libro en papel al libro digital.
Al parecer dos temas recurrentes, que explican algunos problemas sociales (como la pobreza y la violencia, por ejemplo), que “todo el mundo” los analiza en  un determinado momento pero nadie asume su solución.
Como sociedad nos quejamos de nuestra falta de cultura, nuestro casi nulo hábito de lectura y nuestra incapacidad de entender lo que leemos, pero luego queda en el aire determinar quién, o qué institución, debe hacer algo para superar el problema y tengamos ciudadanos cultos, que por lo menos lean cuatro libros al año y estudiantes que entiendan lo que  están leyendo.
Al mismo tiempo, no hay que ser mezquino, sí es posible identificar de manera concreta acciones, proyectos y planes para promover la lectura, abaratar costos de libros y dar condiciones adecuadas al sistema educativo para que cumpla con sus objetivos, pero lamentablemente son pocos, aislados, mal comprendidos y hasta maltratados por aquellas instancias que precisamente deben hacer lo contrario.
No hay ciudadano alguno, de cualquier nivel o condición, que no haya repetido la sentencia de que la lectura es importante, y de ahí a que lea o haga leer es otra historia.
Entonces volvemos a preguntarnos ¿quién debe hacer algo para que la lectura sea una actitud “normal” en nuestra sociedad? Pero tal vez esa no  sea la pregunta clave.
Creo que habría que preguntarnos si lo que necesitamos es aprender a leer, o debemos enseñar a leer. Y la respuesta veo que va por lo primero: debemos aprender a leer antes de asumir la responsabilidad de enseñarle a otro.
¿Podrá, entonces, un maestro (cualquiera que fuere su especialidad y nivel) enseñar a leer a su alumno si él mismo no lee? Luego ¿Cómo hacer que los maestros lean, si antes no lo hicieron? No es un asunto de enredo sociológico o filosófico, ni trabalenguas postmoderno, es un tema de decisiones.
Apoyar procesos editoriales, abrir espacios culturales, apoyar ferias de libro, organizar encuentros con escritores no debe ser asunto de algunos privilegiados, es un asunto de escuela, de formación, de educación y no de información.
¿Cómo entonces nos frotamos las manos para ingresar al libro digital si antes no hemos aprendido a pasar las hojas de papel? Hay quienes creen que la tecnología ha acercado la información y la cultura a la gente porque “casi todo el mundo” accede a internet, falso. Los  estudios sobre acceso a información a internet dicen que solo el 5% de quienes acceden  a la tecnología de la información buscan libros o “leen” o revisan textos para estudiar.
El  resto accede a redes sociales, a diversión, a negocios, juegos, a música y cine, a pornografía.
El artículo de Rodríguez dice también que en España hay un promedio de lectura dramático, que la mitad de los españoles  “no lee nunca” porque no les gusta.
Una realidad parecida a la nuestra, no por las cifras sino por el fondo del asunto: la lectura no debe ser solo una cuestión de gusto sino una necesidad vital, única manera de entender que gracias a la lectura podríamos resolver mejor nuestras vidas, no como individuos, sino como sociedad.
Aprendamos pues a leer, y para ahorrar tiempo y dinero, aprendamos a leer con nuestros hijos, con nuestros alumnos, con nuestros amigos. 
Así, no habrá tantos maestros que diga; “ya viene la hora de la lectura, mejor pido permiso”, o jóvenes que, muy alegres, digan: “recuerdo siempre a un profesor, no sé su nombre, pero él sí nos hizo leer un libro en la universidad”.
 
 
 
 
 
 
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