Arequipa, una ciudad indiferente

Vie, 01/13/2017 - 10:54 -- paolagomez
Patrick O’Brien

En Arequipa las propuestas no solo son inclusivas, sino que son excluyentes, propiciando mayor centralidad e imposibilitando un verdadero desarrollo para todos.

 
Es una noche seca y hace frío. La ciudad ya no cierra temprano, pero podría ser una noche cualquiera en el 90, 2000, 2010 o 3035. Arequipa será inevitablemente su centro histórico y muchos barrios despilfarrados hacia los lados. Nada parece suceder fuera de estas 40 manzanas.
Se piensa la ciudad como una totalidad pero es una suma desordenada de fragmentos. En un proceso ambiguo que va en múltiples direcciones, y en el que no queda claro cuál será el resultado, podemos identificar, sin embargo, un consenso: la ciudad sufre de una hipercentralidad, gira su caos alrededor de un pequeño casco virreinal, construido para soportar una población considerablemente menor.
Si pensáramos la ciudad como la piensan sus gestores culturales, Arequipa tendría una población de 40 mil habitantes, estaría construida en sillar y sería mayoritariamente blanca. Como si nada relevante hubiera ocurrido en los últimos 60 años.
No es que la labor cultural este mal hecha o sea deficiente, solo es insuficiente y está orientada a cubrir las necesidades culturales de esos mil o dos mil parroquianos que celebramos los éxitos en las gestiones de las casas y colectivos culturales, y del apoyo recibido por empresas o instituciones del estado.
Está claro que los promotores, gestores y casas culturales deben y pueden hacer y tener las iniciativas que crean más oportunas: son privados y sus prioridades pueden o no discutirse. Pero parece poco alentador, por decirlo menos, que los esfuerzos públicos redunden en un espacio que no convoca y desde luego no llega a gran parte de la población arequipeña.
La propuesta cultural de la municipalidad provincial y la de las municipalidades distritales son precarias, incoherentes y en muchos casos inexistentes. Es inaceptable la completa falta de programas culturales en la mayoría de distritos. El gobierno regional parece, sino una propuesta, sí voluntad, pero esta no parece estar orientada a generar mayor inclusión, sino todo lo contrario.
 Las propuestas no solo no son inclusivas, sino que son excluyentes, propiciando mayor centralidad e imposibilitando un verdadero proceso de desarrollo para todos.
En el 2007 diseñamos un plan cultural, que con algunas variaciones, fue presentado por el gobierno regional en el 2009, el que daba especial énfasis al sistema de bibliotecas que articula un plan cultural alrededor de un sistema de 108 bibliotecas distritales interconectadas, que sirvieran como centros culturales descentralizados, donde la población de los distritos “cercanos” o “alejados” tuvieran, también, acceso a una plataforma cultural moderna y apropiada para impulsar su desarrollo.
La biblioteca sería rebautizada, luego, como la Biblioteca Mario Vargas Llosa, en honor al Nobel de Literatura quien donó, luego, su biblioteca personal, la que va llegando en importantes remesas año a año, constituyéndose en un importante activo cultural para la ciudad, por lo que el gobierno regional compró una nueva casona y colindante con la biblioteca, para recibir tan importante donativo e implementó un museo en la casa donde nació el escritor arequipeño.
Pero la población de Arequipa no lee y no lee en la Biblioteca Mario Vargas Llosa, y no lo hará, al parecer la administración de este centro cultural parece creer que su función es otra.
La biblioteca cerró más de dos mes entre el 2014 y el 2015 y nadie se percató o no pareció importarle, porque nadie la usaba, como biblioteca al menos, podría estar cerrada los próximos 2 años y ni la ciudad ni la región la extrañarían.
La Biblioteca Mario Vargas Llosa no funciona porque no se ha hecho nada o se ha hecho muy poco en los 6 años que funciona para que los arequipeños tengamos acceso a libros y cultura.
La concentración de la inversión cultural de la región en el centro histórico de la ciudad en los primeros 14 años que tiene el actual proceso de descentralización es lamentable, como si nadie en las 3 gestiones hubiera entendido cual es la función cultural del gobierno regional de Arequipa. La regionalización, a contracorriente de lo que se piense, no ha iniciado.
Al parecer tendremos por mucho tiempo más una ciudad que gira alrededor del tuturuto y de espaldas al futuro.