Arequipa tomada en cuento

Jue, 01/12/2017 - 11:49 -- paolagomez
Alfredo Herrera Flores

Una crítica sobre la última compilación de cuentos de autores de Arequipa hecha por Willard Díaz.

 
Arequipa es una ciudad inspiradora, así lo han entendido sus artistas y no es difícil comprobarlo; desde pintores hasta músicos y de escritores a filósofos han sabido retratar y pensar la ciudad desde sus diferentes ángulos: paisaje, gente, costumbres, pensamiento, historia, tragedias y esperanzas.
El arequipeño en general así también lo reconoce, como parte de la tradición y el amor a la tierra, pero es muy probable que poco conozca al respecto; es decir, habría que ver si el ciudadano arequipeño tiene en la memoria nombres de artistas o reconoce una obra de arte de autoría local, si puede mencionar por lo menos cinco escritores contemporáneos, si puede dar tres nombres más de poetas sin contar a Mariano Melgar, si sabe de algún músico clásico aparte de Dunker Lavalle, si puede decirnos quién fue Vinatea Reynoso.
La reflexión viene a cuento a raíz de la publicación del libro “20 cuentos arequipeños”, compilados por Willard Díaz y editado por la Dirección de Cultura Desconcentrada de Arequipa, durante la gestión de Julia Barreda.
Este libro, esperamos, sea lo más difundido posible, entendiendo que no se trata de un proyecto comercial sino de promoción a la lectura, como corresponde a la entidad estatal.
Así, un libro de esta naturaleza y calidad ayudará a que el público arequipeño no solo pueda disfrutar del arte de la narración sino acceder al conocimiento de sus escritores contemporáneos que, adelantamos, no son pocos y son muy buenos.
Willard Díaz es en Arequipa una voz autorizada para hablar de narrativa: ha escrito ensayos, dictado talleres, promovido revistas, dictado clases universitarias, escrito cuentos y promovido actividades académicas para fortalecer el arte de contar.
Su experiencia le ha permitido reunir a veinte autores arequipeños que marcarían un siglo de la narrativa corta local, desde Juan Manuel Polar, quien cumpliera destacada labor docente los primeros años del siglo veinte, hasta Percy Prado, joven escritor venido de Camaná a la Escuela de Literatura de la Universidad de San Agustín a agitar las aguas de la intelectualidad local.
La muestra, que como dice Díaz, es de carácter histórico más no de antología, es adecuada y permite alcanzar el objetivo: mostrar panorámicamente el proceso de la literatura regional.
Entre ellos están narradores tan experimentados como Carlos Herrera o Teresa Ruiz Rosas, poetas atrevidos al cuento como Alberto Hidalgo u Oswaldo Chanove, oscuros y marginales como Raúl Figueroa y Edmundo de los Ríos, y autores en plena carrera ascendente como Yuri Vásquez,
Fernando Rivera y Orlando Mazeyra, además de Fátima Carrasco y Rosa Núñez, los casi  olvidados Augusto y César Aguirre Morales e Isaac Torres Oliva, acompañados de Dino Jurado, Miguel Barreda, César Delgado y César Sánchez Martínez.
La lectura del libro provoca un doble placer: el disfrute de las historias, todas peculiares, ingeniosas y de finales sutiles, y el de recorrer imaginariamente la ciudad, desde repasar sus calles y plazas hasta internarse en los vericuetos del monasterio de Santa Catalina para resolver un mal de amores.
Pero las páginas del libro dan también para repasar la historia de Arequipa, cuestionar sus conceptos culturales, notar sus cambios sociales y políticos, retomar el tema ético y moral, recordar el crecimiento urbano, analizar el desplazamiento de lo rural a lo urbano, cuestionar nuestros conceptos de género y discriminación.
Estos 20 cuentos arequipeños son como veinte ventanas para ver la ciudad.
La lista de narradores, o escritores o científicos sociales o políticos que se atrevieron al cuento corto es, por supuesto, bastante más larga que la del libro de Díaz, lista a la que se deberían añadir autores venidos de otras tierras a formarse académicamente en la Ciudad Blanca ante la falta de especialización en las suyas.
Los veinte autores arequipeños son representativos, tal vez se pueda pensar en uno o dos nombres contemporáneos que van haciendo su carrera con buenos productos literarios, pero lo mostrado basta para  hacernos una idea de las perspectivas desde las que se aborda Arequipa como objeto de inspiración, de análisis o estudio.
 
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