Adictos al "Me gusta"

Jue, 10/06/2016 - 11:47 -- raquel sumire
Mauricio Turpo Rodríguez

Publicar algo por lo que valga la pena hacer click al pulgar levantado es la consigna. No importa con qué imagen, ni con qué texto, ni cuándo, ni dónde. Todo vale por un “like”. Se trata de la adicción a las redes sociales como Facebook que, según los expertos, podría denotar una profunda depresión o un grito silencioso por llamar la atención.

 
 
Para los adolescentes y jóvenes de hoy, todo se reduce a los me gusta. Son como coleccionistas compulsivos de los deditos levantados en cada publicación que hacen en su cuenta de Facebook.
“Me gusta” es la retroalimentación positiva que se da a una publicación en la red social más famosa y usada del mundo.
Una reciente investigación de la Universidad de California en Los Ángeles EE UU, publicada en la revista Psychological Science, revela que los “me gusta” son adictivos para los adolescentes.
“El mismo centro de recompensa cerebral que está implicado en la sensación de placer, el lugar que se activa cuando se piensa en sexo, dinero o un helado, también lo hace cuando los adolescentes ven que sus fotos obtienen muchos me gusta en las redes sociales”, concluyeron.
El experimento consistió en reclutar a treinta y dos personas, entre los trece y dieciocho años. Luego recrearon una red social para que compartan fotografías (similar a Instagram). Sus amigos y seguidores podían oprimir un ícono en forma de corazón cada vez que les agradaba una foto o un video.
Les pidieron a los adolescentes que compartieran algunas de sus fotos y luego los llevaron al laboratorio para que miraran más de cien imágenes mientras los científicos analizaban su actividad cerebral mediante resonancia magnética.
Roni Caryn Rabin, periodista de The New York Times, resumió así el estudio: “Cuando los jóvenes veían imágenes con muchos me gusta, había más actividad en regiones del cerebro relacionadas con el procesamiento de la recompensa, la cognición social, la imitación y la atención, que en las reacciones neuronales cuando los adolescentes miraban fotos con menos me gusta”.
Lauren Sherman autora principal de la investigación, dijo que coincidir con otros es parte de la adolescencia y en cierta medida es normal. “Es la manera en que los adolescentes aprenden la reglas para comunicarse y establecer relaciones”.
El experimento capturó la presión social que enfrentan los adolescentes. Sherman, quien prefiere llamarla “influencia social”, indica que la presión social no es mala y puede tener un papel crucial en la acumulación de conocimientos sociales y culturales esenciales para el desarrollo de los adolescentes.
“Los me gusta están funcionando posiblemente como una pista social, orientando a los adolescentes hacia lo genial o socialmente apropiado. Aprender sobre el entorno social es una tarea muy importante en la adolescencia”, dijo Sherman.
 
EN AREQUIPA
Soraya Díaz, psicóloga del colegio Nuestra Señora de Fátima, realizó una investigación (Tesis en la Universidad Católica de Santa María) con el objetivo de analizar la conducta de los adolescentes y jóvenes que usan las redes sociales y encontrar los posibles factores que desencadenan en una posible adicción.
Para realizar su estudio entrevistó y aplicó test psicológicos a novecientos estudiantes arequipeños de la UNSA y UCSM. Los resultados encontraron una relación directa entre la adicción a las redes sociales y problemas de baja autoestima.
Para Soraya Díaz, la tecnología podría ser un buen aliado en el desarrollo de la persona, siempre y cuando sea un complemento para las relaciones familiares o personales. 
“El individuo, al ser aceptado por medios electrónicos, encuentra un reforzador positivo en su relación real. Sin embargo, cuando estas reemplazan las reales, inician los problemas y desbalances emocionales”, explicó.
 
AFECCIONES
Jorge Gutiérrez Montoya, psicólogo del servicio médico de la Universidad Católica de Santa María, casi a diario atiende casos que derivan de problemas de adicción a redes sociales.
Muchos alumnos llegan a su consultorio a decirle que no pueden concentrarse. Quieren estudiar, quieren realizar un proyecto, pero sin darse cuenta han desperdiciado gran parte del día revisando su Facebook o Twitter.
“El resultado al final es nefasto, desaprueban cursos, incluso en algunos casos pierden el semestre y eso les genera una futura depresión”, dijo.
El mejor tratamiento–destaca el especialista– es una dosis de realidad que tiene que ser puesta en marcha con ayuda de la familia. “No hay como salir y disfrutar de las cosas reales, la gente poco a poco olvida que es mejor un abrazo a un me gusta en una foto”.
Pierina de la Borda, modelo arequipeña que tiene más de dos mil 500 seguidores en su cuenta de Facebook, dice que no vive dependiente de los me gusta. “No pretendo recibir cierta  cantidad de me gusta en cada una de mis publicaciones, sino que se entienda el mensaje que deseo transmitir”, comenta.
Cuando le pregunto si podría dejar todas sus cuentas en las redes sociales, sonríe y dice que necesita mantenerse informada.
 
 
 
 
 
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